JOSÉ ROSENBLATT

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CRÍTICAS

En la obra de José Rosenblatt, lo de que pone al espectador al descubierto es, quizá, una suerte de equívoco. A primera vista, las imágenes parecen constituirse como una exaltación formal. Organizadas principalmente en torno a un sistema de proporciones y relaciones derivado del círculo y de la esfera, las imágenes parecen celebrar el orden y de la belleza de la exactitud matemática. La coloración y luminosidad acerada de algunos de los cuerpos aportan a su vez reminiscencias industriales. Sin embargo, observadas con mayor detenimiento, las imágenes desmienten la idea de una celebración tecnológico-modernista.

La apuesta a la pintura y a la manualidad en un tipo de imagen que actualmente que podría generarse por medios digitales, otorga a los cuadros un aire como lúdico.
Por otra parte, el movimiento que se crea en las imágenes no es fluido y orgánico, si no más bien desacompasado.

Los cuerpos objetos vibran y rotan, pero aisladamente, a distintas velocidades, generando ritmos entrecortados. Más que máquinas visuales perfectas, los cuadros componen un catálogo o publicidad de obsoletas piezas mecánicas, constituyéndose como una evocación de arcaicas tecnologías.

Los cuadros parecen aludir así al futuro como era visto desde el pasado, y nos devuelven a un mundo más frágil, en el que el tipo de sueños tecnológicos que estos cuadros convocan, se ha perdido para siempre.


Paula Porroni
Marzo, 2007

La pintura de carácter abstracto (o es mejor decir concreta o no figurativa?) tiene un largo y prestigioso antecedente en Argentina, país de origen de José Rosenblatt.

Remontando un poco en la historia nos encontramos con las exquisitas y a la vez revolucionarias creaciones de Carmelo Arden-Quinn, Rhod Rothfuss y Giulia Kosice, todos miembros del grupo MADI, que había nacido a finales de la década de los años 40. El grupo MADI partió de la experiencia constructivista rusa, y había propuesto al igual que los rusos, una estética basada en el uso de la geometría y la construcción, a la vez que abogaba por la implementación (en la escultura) de materiales industriales, (plásticos, vidrio, metales) y una técnica apoyada más en la tecnología que en el hacer artesanal.
Las pinturas de Rosenblatt, basadas en la geometría, guardan una relación digamos de afinidad con los artistas MADI, sin embargo su obra se encuentra repleta de pequeñas y elegantes paradojas. La primera sorpresa surge cuando el espectador descubre que sus obras no están ejecutadas con acrílicos sino con óleos y conste que esto no es inmediatamente evidente debido al virtuosismo con que Rosenblatt maneja el medio. Lo cual nos conduce sin más a la primera paradoja: a pesar de su interés en lo geométrico y en la tecnología, la obra está “ hecha a mano”! Como toda paradoja, ésta realidad refleja contradictoriamente un sentimiento de su autor: su relación amor/odio con la tecnología y sus implicaciones.

En estas obras, el interés de Rosenblatt por el arte óptico (OP Art) es más que evidente. Y aunque en algún momento pareciera hacerle guiños a la propuesta original de los artistas ópticos (la ilusión de crear espacios tridimensionales engañando al ojo por medio del color y las líneas) rápidamente resulta aparente que sus pinturas en realidad tienen una textura visual que podríamos calificar de hipnótica, una especie de “mantra visual” si se me permite el término. Artistas contemporáneos como Peter Coger o Olaf Aliasen guardan una similitud de intereses con la propuesta pictórica de Rosenblatt.
La luz y la representación de la ilusión lumínica vendrían a ser los otros componentes importantes en esta propuesta pictórica, y por ahí comparte con Le Parc una obsesión con la idea de lo luminoso.

Una vieja teoría del arte sostiene que cuando las cosas en una sociedad se ponen difíciles, ya sea por guerra, hambruna, enfermedad o crisis, el arte tiende a la abstracción. Por el contrario, en épocas de abundancia y despilfarro la tendencia apunta a la figuración, al ensalzamiento del hombre como motivo central del arte. Es como si solo fuera posible la comunión espiritual dentro del rigor y el ascetismo que propone el arte abstracto, y con mayor agudeza aun, la abstracción geométrica.

Más sin tremendismos ni notas pesimistas-todo lo contrario-la obra de Rosenblatt está cargada de sutiles ironías, sorpresas pequeñitas que va dejando para que el espectador las descubra y deguste lentamente.

En síntesis, una proposición pictórica bien fundamentada desde la abstracción geométrica, cargada de lecturas múltiples y sembrada como un campo minado con elegantes ironías que explotan silenciosamente en cada obra.


John Nadador
San Chepe, 2005.

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