FLORENTINO SANGUINETTI

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MAS INFO

Pinturas para la cúpula de un teatro de ópera.

Mi vínculo con la ópera data de la infancia. A los 12 años construí un teatro de títeres con todos los pequeños personajes y las escenografías de “Rigoletto” de Verdi, que representábamos ingenuamente con mi hermano. Desde entonces encontré una deleitosa correspondencia entre la música y la pintura y observé que uno de los lugares más apropiados para el encuentro entre las artes era la cúpula de los teatros de ópera.
Mientras estudiaba en la academia de Bellas Artes de Munich me dediqué a contemplar las cúpulas de las iglesias barrocas, de los teatros y los palacios de Baviera.
Posteriormente con una beca de Inter-Nationes recorrí Alemania para estudias los murales y los milagrosos techos pintados durante los siglos XVII y XVIII sobre los cuales publiqué algunos trabajos en las revistar “Lira” y “Ars”. Realicé entonces varios audiovisuales para el Museo de Bellas Artes, con las fotos que había obtenido.
Hace 7 años, mientras trabajaba en el atelier del Mozarteum en la Cité des Arts de Paris, algunos amigos artistas me estimularon para desarrollar un proyecto de cúpula pintada para un teatro. Allí inicié los primeros bocetos y cuadros con fragmentos que componen una cúpula circular destinada a un teatro lírico realizada en escala según las medidas del teatro Colón.
Mi concepto ha sido el de composiciones abigarradas, algo barrocas, con predominio de tonos intensos, donde aparecen figuras entrelazadas y dinámicas, reconocibles como personajes de la lírica y del ballet, pero sin posibilidad de identificación concreta.
Las imágenes están dispuestas en forma arremolinada, sin base ni techo, flotando sin tener en cuenta la gravedad porque deben ser contempladas por espectadores desde múltiples perspectivas. Por eso los cuadros pueden observarse en todos los sentidos, tanto hacia arriba como boca abajo. En los óleos he aplicado una materia gruesa y abundante, tratada siempre con espátula para lograr cierta impresición en las forma, acentuando así la armonía expresionista del conjunto. Allí, en las alturas, debe lograrse un espectáculo con sugerencia de melodrama como un eco de lo que ocurre abajo en el escenario. He buscado un efecto musical mediante la complejidad de las formas y la vibración de los colores encendidos con intensidad. Las figuras representan actores con vestidos de fantasía en una atmósfera donde dominan los colores cálidos, los ocres, amarillos y tierras, apropiado para alternar con los rojos y dorados que ornamental el teatro de ópera.
Nada debe parecer quieto. El dominio de curvas y diagonales otorga al conjunto una sensación dinámica y un premeditado movimiento de exaltación barroca y musical.
Mi deseo es llevar la melodía de los colores y la ficción del escenario a las alturas luminosas del teatro.

 
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